Ponerle precio a un proyecto es una de las decisiones más incómodas para un técnico. Si pides poco, trabajas gratis sin darte cuenta; si pides mucho, temes perder el encargo. El problema casi nunca es la valentía: es que el número se calcula mal.
El error de calcular "a ojo"
Lo habitual es mirar lo que cobraste por algo parecido, redondear y enviar. Funciona hasta que un proyecto se complica, se alarga o exige más visitas de las previstas. Entonces descubres, ya tarde, que ese encargo "rentable" se comió tu margen en horas que nadie contó.
Qué entra en un honorario (y casi siempre se olvida)
Un honorario no es solo "el trabajo". Es:
- Las horas reales de cada fase, no las que te gustaría dedicar.
- Los desplazamientos a la obra, sobre todo si está lejos.
- Visados, tasas y seguros que pagas tú.
- La responsabilidad que asumes (no es lo mismo un certificado que una dirección de obra).
- Un margen que cubra los proyectos que se tuercen.
Si alguno de estos no está en el número, no estás cobrando: estás subvencionando al cliente.
Parte de tus costes, no del precio del vecino
Cada estudio tiene su estructura: su zona, sus gastos fijos, su forma de trabajar. Copiar la tarifa de otro es copiar sus costes, que no son los tuyos. Un presupuesto bien hecho parte de tus partidas y deja el cálculo de IVA e IRPF al sistema, para que el total que envías sea el que de verdad necesitas.

Revisa después: ¿acerté?
La parte que casi nadie hace: al cerrar el proyecto, comparar lo que costó con lo que cobraste. Si imputas las horas dedicadas a cada proyecto, sabrás la rentabilidad real, y la próxima oferta saldrá de datos, no de intuición.
En AECO360° el presupuesto, la imputación de horas y la rentabilidad por proyecto están conectados, de modo que sabes qué encargos te dan dinero y cuáles te lo quitan. Para profundizar, lee la guía Control de gastos por proyecto y Del presupuesto a la factura.